(...) Si no se permite que el deseo, que el sentido religioso reconocido y vivido, pueda crear algo nuevo en la sociedad, se destruye la posibilidad de que pueda mantenerse vivo y operativo. No estamos hablando de la aplicación de un idea sino del descubrimiento de una potencialidad innata en el hombre. Si nadie se toma en serio, permanece en estado latente.
Personas en acción
(...) Lo que cuenta no es sólo hacer algo sino dar un juicio acerca de la obra que se está construyendo, hacer una reflexión en torno a la propia experiencia. La CdO es una compañía de personas que se descubre a sí misma en acción y que se interroga, efectuando continuamente una confrontación entre la posición ideal reconocida como adecuada y la realidad. Esta intuición de la CdO se vuelve concreta, experimentable y persuasiva gracias a una amistad vivida.
(...) La CdO se compone de personas que actúan en ámbitos muy diferentes, pero que comparten la conciencia de un origen común. El criterio con el que se mira la realidad no procede de la actividad concreta desarrollada o de la propia profesionalidad, sino que el tejido común que mantiene unida esta realidad ‘sui generis’ es la comparación continua entre lo que se hace y el sentido religioso.
¿Cuál es el resultado de lo anterior? La apuesta reside en el hecho de que amar el deseo y su organización social lleva a una inteligencia mayor de la respuesta a las necesidades. |