Bajo estos potentes lemas realizamos nuestro primer encuentro de diálogos de subsidiariedad el pasado 24 de octubre donde hubieron dos grandes momentos, el primero, una intervención maciza del decano de la Universidad Central, Humberto Vega, empresario y docente, quien profundizó en el valor del trabajo desde la perspectiva de su experiencia de vida y de los grandes hitos que en la historia podemos identificar en torno al trabajo, pasando por parte de la doctrina social del la Iglesia y concluyendo con una reflexión sobre la problemática y discusión actual. Parte central de su exposición consistió en la dignidad del trabajo, tanto el asalariado como el no remunerado y como esa dignidad se relaciona al trabajo que Dios quiere para el hombre, lo que impulsó el cambio desde el trabajo deformador del ser hacia un trabajo que busca coherencia con la dimensión de la persona. Para él un aspecto en que aun necesitamos avanzar es en la igualdad en la familia y en el mercado.
Después intervino Jean Batista, secretario general de la Universidad Católica, sapiensai sede Lima Perú. Un profesor de filosofía que se dedica principalmente a dirigir la administración central de la institución y a un pequeño emprendimiento en el área agrícola. Él entrega trabajo en la Universidad a más de 500 personas y los alumnos son alrededor de 4.000. Nos contó como ambos roles le han hecho verificar que el trabajo tiene diversas dimensiones, entre ellas, una dimensión humana que existe en distintas labores incluso no remuneradas, otra es la dimensión de dar trabajo que requiere ser valorada, la social en la que el trabajo nos ofrece la oportunidad de relacionarnos con otros, la educativa en la que el trabajo se transforma en una oportunidad de servir y la dimensión dramática ya el trabajo es siempre relación con algo y en este sentido genera siempre una tensión. Por ejemplo, el tener que despedir a alguna persona es una situación que aunque pudiera ser económicamente necesaria siempre es dolorosa, y nos hace entender y vivir que la “relación con las personas es algo dramático, porque se pone en juego toda tu persona”. Nos ha dicho “eliminar el drama en el trabajo es imposible. Este drama pide creatividad, no es suficiente una razón económica. Producir más es igual a producir mejor” con lo cual ha puesto de relieve que el trabajo del hombre es expresión de la persona, es expresión de la realidad y este significado transforma esa labor, esa tensión permanente haciendo posible no un resultado mayor sino que un resultado mejor.
En la segunda parte de nuestro encuentro realizamos nuestra tradicional vida de las obras. Esta vez, invitamos a tres empresarios de diferentes rubros: Marcela Godoy, dueña de una pastelería famosa en Rancagua; Rodrigo Mery un empresario de publicidad y marketing; y Gianni Zandonai un empresario del ambiente automotriz. Los testimonios de estas tres personas nos permitieron mirar directamente una obra en acción por la forma en que se enfrenta a las dificultades, el éxito, a la educación, donde un denominador común es el afecto por dar trabajo y por el cambio que provoca un trabajo digno y creativo que se corresponde con la realidad humana. Siendo el desarrollo de su negocio el desarrollo de sus vidas, así como decía uno de ellos, al darle trabajo a una persona que venía de un hogar donde algunos hacían la caridad, “hay que enseñarle incluso a venir al trabajo de forma limpia y aseado porque al trabajo hay que responder”, es decir, hasta el mínimo detalle sirve para trabajar mejor, para encontrarnos. Contra todo pronóstico esta persona ya lleva tres años con su empleo.
El ambiente de las personas asistentes al encuentro fue muy rico por lo heterogéneo: había una decena de estudiantes de una universidad santiaguina, además de profesionales y empresarios llegando a unas 85 personas en total quienes tanto en las charlas como en los testimonios se mantuvieron atentos, muy expectantes, como ensimismados con lo que estaba pasando, poniéndose en primera persona en cada palabra que nuestros exponentes decían, saliendo muy satisfechos y contentos de lo que escucharon, en el fondo con la certeza de que los testimonios nos ayudaron a reflexionar y entender que se puede vivir esta amistad operativa en el ambiente real de trabajo, en cualquier condición que se encuentre. No hay obstáculo posible a esa creatividad que emerge de una tensión que todo lo transforma.
También para nosotros los lemas que elegimos para este encuentro se vuelven una realidad en la medida que nos damos cuenta que el corazón del hombre es una fuente inagotable si está abierta y quiere percibir la belleza cuando se manifiesta tan elocuentemente como en este encuentro. Con esta certeza es posible trabajar más contento y dichoso porque existen personas y gestos donde uno puede sentirse abrazado, incluso en el siempre árido y fatigoso mundo del trabajo, donde se hace más potente el amor a Cristo.
Finalmente, queremos destacar el afectuoso homenaje que hicimos a principios del encuentro de nuestra amiga Pilar Parra (QEPD) que, recordando las palabras de un amigo “…no es alguien que se va sino que es un pedazo de nosotros, de nuestra historia que llega primero al Padre” y que estando entre nosotros nos enseñó que se puede vivir dando sin medida, en un encuentro permanente, con amorosa atención por el destino del otro buscando todo lo que anhela el corazón hasta encontrarlo. |