En este último tiempo, hemos sido testigos de distintos hechos en nuestro continente que han conmocionado la opinión pública. Desde el rescate de Ingrid Betancourt en Colombia, hasta el conflicto por el tema de los impuestos al campo en Argentina, pasando por las distintas cumbres y viajes de presidentes de nuestros países, han presentado un clima noticioso bastante movido.
Ha existido un factor común en todos estos encuentros que si bien ha tenido poco cobertura en los medios, hace hablar y de una manera grande sobre nuestra tradición cristiana y de cómo incide en la vida pública latinoamericana. Esto es algo que no se puede apartar, desde el discurso más politiquero al testimonio más conmovedor. Esto pasa desde considerar a Jesucristo como socialista e inspirador de revoluciones, hasta dar gracias a Dios y a la Virgen por parte de Ingrid Betancourt, pasando por el hecho de tener un ex-obispo como presidente en Paraguay, hasta las sorprendentes declaraciones de la ex candidata presidencial Argentina Elisa Carrió, que luego de la votación en el senado de ese país sobre el proyecto de nuevos impuestos al campo, dijo: “Es Dios quien hace la historia. Es él el que obra y hoy obró a través del vicepresidente”.
El Poder no puede ser indiferente al hecho Cristiano, sea para manipularlo o reconocer su verdadero valor, en especial, frente a coyunturas o hechos excepcionales.
|